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	<title>Comments on: Viajando de manera diferente</title>
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	<pubDate>Fri, 05 Dec 2008 03:35:44 +0000</pubDate>
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		<title>By: Maite</title>
		<link>http://es.paulocoelhoblog.com/09.05.2006/viajando-de-manera-diferente/#comment-2103</link>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jun 2007 17:50:29 +0000</pubDate>
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		<description>Estimado Paulo:

Agradezco tu existencia en esta época que me toco a mi vivir la mía, lo que me ha permitido leer tus relatos, tus pensamientos, tus consejos, todo lo que has querido compartir con nosotros;  tus lectores...
Por esta razón y para agradecerte todo lo compartido por ti, es que hoy te regalo una ida mia al banco. Esto ocurre en la ciudad de Valparaíso, Puerto principal de Chile...espero te guste...un abrazo lleno de luz para ti.

Esto sentí al observar mientras caminaba.... se me ocurrió compartirlo contigo…imagino que lo has visto y sentido alguna vez… entonces te lo describo.

       El día está gris, una suave y cálida brisa marina se siente en la cara, caminando hacia el Almendral para gestiones bancarias;  entre gritos de "alcachofas", (las primeras de la temporada), me dejo llevar por el paisaje típico de esta ciudad, olores mezclados en el aire: pescados, verduras,  humo de tubos de escape de las incontables micros que suben y bajan por lo cerros....
       De pronto la señora que en un paño en el suelo, vende galletas de la feria, ¿quien no ha saboreado esas ricas galletas porteñas? y más allá los gritos se hacen cada vez más intensos, "caserita, caserita" mientras otros se pelean la atención: "sacar a 100" y la lista es interminable, pañuelos desechables, tiras de  aspirinas, dipironas, piedra pome, corta uñas, lápices, limas de uñas, linternas, regalos navideños, cintas y papeles ....
     En una esquina, un señor con su atril de madera vendiendo todas las yerbas que como antaño formaban parte del botiquín de la abuela, la del platero, ruda,  menta, matico, bailahuen, el rico cedrón; “es muy escaso”, me comenta el anciano, pero hay tantas otras buenas, claro las buenas yerbas buenas.... como no detenerse para llevar algunas....
      Las bromas se escuchan entre ellos, las risas y comentarios de esta vida en las cunetas, calles y veredas; el humor es tan propio, las risas siempre presente de esta vida que se ve tan simple, tan sencilla, se vende o no, no hay más que eso. Aquí no hay complicadas decisiones, ni encuestas, ni cálculos desmedidos, tampoco estadísticas complejas para determinar no sólo si te ganaste el  sustento hoy, sino si conservaras la pega de acuerdo a los resultados; ellos buscarán siempre la forma de que los resultados sean favorables para el pan y el té del día, o pa' la pesca frita. La solidaridad entre ellos se escribe en mayúsculas.
       Se me ocurre de pronto que las historias que se han tejido en este tapiz callejero que ha captado mi retina, podrían bordarlo las mujeres de  Isla Negra, ellas lo dirían con su propia poesía escrita con hilos de colores, sería tan colorido; de cerros de casitas que cuelgan , de patios de tablas con tarros con plantas, de cordeles de lado a lado llenos de ropa, de camisetas de fútbol del Wanders; así se iría tejiendo este tapiz, con los infaltables troles verdes, colgando como del cielo y de tantos cables que forman un tramado en el ciudad como telas de araña.... y los maniseros en las plazas,  los organilleros con sus cajas multicolores,  los buques en la bahía, y los niños con sus bandas marchando por las calles ; ese es Valparaíso.
       Mujeres y niños que bajan al pueblo a vender sus sueños y esperanzas, los hombres seniles cansados  de tanto ascensor de sus propios pies, se sientan en las plazas a jugar dominó, al cacho o a leer el diario, alimentan palomas y perros callejeros  regalando  sonrisas hasta sin dientes, amplias sonrisas,  sonrisas eternas y sin vergüenza.
      Así, en esta vida tan cotidiana, en las sonrisas, en las manos solidarias, en las miradas de esperanza y de recuerdos de aquellos ancianos de la plaza, en las risas de los niños que aceptan la pobreza y también trabajan solidariamente por la familia, en los universitarios venidos de tantos lugares cargados de esperanzas por un mejor futuro, aunque vivan en pensiones colgando de los cerros, en gente como tu o como mis amigas, en niños como mis hijos o mi nieto, en todo veo  la imagen linda y verdadera de quien se entregó porque creyó en algo más que lo material, algo más que lo humano, y nos dejo su mejor legado, "La última cena", ahí nos enseñó que el alimento que nos nutre y nos permitirá algo verdadero es el que le entregamos al espíritu y alma.....
      Confieso que no voy a misa dominical, confieso que me derrumbo y soy débil, confieso que me he sentido pequeña y mezquina, pero intento siempre mantener en alto la bandera que me inspira en esta vida humana....

Maite</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado Paulo:</p>
<p>Agradezco tu existencia en esta época que me toco a mi vivir la mía, lo que me ha permitido leer tus relatos, tus pensamientos, tus consejos, todo lo que has querido compartir con nosotros;  tus lectores&#8230;<br />
Por esta razón y para agradecerte todo lo compartido por ti, es que hoy te regalo una ida mia al banco. Esto ocurre en la ciudad de Valparaíso, Puerto principal de Chile&#8230;espero te guste&#8230;un abrazo lleno de luz para ti.</p>
<p>Esto sentí al observar mientras caminaba&#8230;. se me ocurrió compartirlo contigo…imagino que lo has visto y sentido alguna vez… entonces te lo describo.</p>
<p>       El día está gris, una suave y cálida brisa marina se siente en la cara, caminando hacia el Almendral para gestiones bancarias;  entre gritos de &#8220;alcachofas&#8221;, (las primeras de la temporada), me dejo llevar por el paisaje típico de esta ciudad, olores mezclados en el aire: pescados, verduras,  humo de tubos de escape de las incontables micros que suben y bajan por lo cerros&#8230;.<br />
       De pronto la señora que en un paño en el suelo, vende galletas de la feria, ¿quien no ha saboreado esas ricas galletas porteñas? y más allá los gritos se hacen cada vez más intensos, &#8220;caserita, caserita&#8221; mientras otros se pelean la atención: &#8220;sacar a 100&#8243; y la lista es interminable, pañuelos desechables, tiras de  aspirinas, dipironas, piedra pome, corta uñas, lápices, limas de uñas, linternas, regalos navideños, cintas y papeles &#8230;.<br />
     En una esquina, un señor con su atril de madera vendiendo todas las yerbas que como antaño formaban parte del botiquín de la abuela, la del platero, ruda,  menta, matico, bailahuen, el rico cedrón; “es muy escaso”, me comenta el anciano, pero hay tantas otras buenas, claro las buenas yerbas buenas&#8230;. como no detenerse para llevar algunas&#8230;.<br />
      Las bromas se escuchan entre ellos, las risas y comentarios de esta vida en las cunetas, calles y veredas; el humor es tan propio, las risas siempre presente de esta vida que se ve tan simple, tan sencilla, se vende o no, no hay más que eso. Aquí no hay complicadas decisiones, ni encuestas, ni cálculos desmedidos, tampoco estadísticas complejas para determinar no sólo si te ganaste el  sustento hoy, sino si conservaras la pega de acuerdo a los resultados; ellos buscarán siempre la forma de que los resultados sean favorables para el pan y el té del día, o pa&#8217; la pesca frita. La solidaridad entre ellos se escribe en mayúsculas.<br />
       Se me ocurre de pronto que las historias que se han tejido en este tapiz callejero que ha captado mi retina, podrían bordarlo las mujeres de  Isla Negra, ellas lo dirían con su propia poesía escrita con hilos de colores, sería tan colorido; de cerros de casitas que cuelgan , de patios de tablas con tarros con plantas, de cordeles de lado a lado llenos de ropa, de camisetas de fútbol del Wanders; así se iría tejiendo este tapiz, con los infaltables troles verdes, colgando como del cielo y de tantos cables que forman un tramado en el ciudad como telas de araña&#8230;. y los maniseros en las plazas,  los organilleros con sus cajas multicolores,  los buques en la bahía, y los niños con sus bandas marchando por las calles ; ese es Valparaíso.<br />
       Mujeres y niños que bajan al pueblo a vender sus sueños y esperanzas, los hombres seniles cansados  de tanto ascensor de sus propios pies, se sientan en las plazas a jugar dominó, al cacho o a leer el diario, alimentan palomas y perros callejeros  regalando  sonrisas hasta sin dientes, amplias sonrisas,  sonrisas eternas y sin vergüenza.<br />
      Así, en esta vida tan cotidiana, en las sonrisas, en las manos solidarias, en las miradas de esperanza y de recuerdos de aquellos ancianos de la plaza, en las risas de los niños que aceptan la pobreza y también trabajan solidariamente por la familia, en los universitarios venidos de tantos lugares cargados de esperanzas por un mejor futuro, aunque vivan en pensiones colgando de los cerros, en gente como tu o como mis amigas, en niños como mis hijos o mi nieto, en todo veo  la imagen linda y verdadera de quien se entregó porque creyó en algo más que lo material, algo más que lo humano, y nos dejo su mejor legado, &#8220;La última cena&#8221;, ahí nos enseñó que el alimento que nos nutre y nos permitirá algo verdadero es el que le entregamos al espíritu y alma&#8230;..<br />
      Confieso que no voy a misa dominical, confieso que me derrumbo y soy débil, confieso que me he sentido pequeña y mezquina, pero intento siempre mantener en alto la bandera que me inspira en esta vida humana&#8230;.</p>
<p>Maite</p>
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